En 1871, quienes entraron en la New British Gallery de Londres se encontraron ante algo para lo que todavía no existía un nombre. En las paredes no había paisajes, retratos ni escenas reconocibles. Había redes de líneas entrelazadas, espirales, ondas, veladuras de color y formas que parecían crecer, vibrar y desplazarse dentro del papel. Algunas recordaban flores vistas a través de un cristal; otras, mapas de mundos desconocidos, tejidos orgánicos o diagramas de una energía invisible.

Su autora era Georgiana Houghton, una artista y médium espiritista nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1814. Ella sostenía que los espíritus conducían su mano y que su función consistía en permitir que se expresaran a través de ella.

Más de medio siglo antes de que Kandinsky desarrollara sus teorías sobre la abstracción, Houghton ya estaba creando unas acuarelas radicalmente alejadas de la representación tradicional. Sin embargo, para ella no eran obras abstractas. Eran mensajes, retratos espirituales y manifestaciones visuales de una realidad que escapaba a los sentidos.

Su historia se encuentra en un territorio fascinante donde se cruzan el arte, el duelo, la religión, el espiritismo y el deseo humano de establecer contacto con lo invisible.

Una artista nacida en Las Palmas de Gran Canaria

Georgiana Houghton nació el 20 de abril de 1814 en Las Palmas de Gran Canaria, dentro de una familia británica dedicada al comercio. Fue la séptima de doce hermanos y pasó parte de sus primeros años entre Gran Canaria, Madeira y el Reino Unido. Aunque se conocen pocos detalles sobre su formación artística, existen indicios de que recibió educación en Francia y de que aprendió las técnicas convencionales del dibujo y la pintura.

Georgiana Houghton. Dominio público
Georgiana Houghton. Dominio público

Su vida estuvo marcada por numerosas pérdidas familiares. La más decisiva fue la muerte de su hermana menor Zilla en 1851. Ambas estaban profundamente unidas y compartían el interés por el arte. La desaparición de Zilla provocó en Georgiana un dolor que alteró el rumbo de su vida: durante un tiempo abandonó la pintura y comenzó a preguntarse si sería posible mantener algún tipo de contacto con ella.

En 1859 asistió a una sesión espiritista acompañada por una prima. Allí creyó recibir respuestas procedentes de su hermana fallecida y de otro de sus hermanos. Desde aquel momento, su convicción de que la comunicación con los muertos era posible no volvió a debilitarse. Para Georgiana, además, el espiritismo no contradecía su fe cristiana, sino que la ampliaba: consideraba que ofrecía una confirmación de la continuidad de la vida después de la muerte.

El espiritismo se convirtió así en algo más que una curiosidad. Fue una respuesta al duelo, una forma de conocimiento y, finalmente, el origen de un lenguaje artístico completamente nuevo.

Cuando la mano comienza a moverse

En 1861, después de conocer los dibujos mediúmnicos realizados por otra mujer, Elizabeth Wilkinson, Georgiana comenzó a experimentar con una planchette: una pequeña tabla móvil a la que se sujetaba un lápiz y que se utilizaba en las sesiones para recibir mensajes escritos o dibujados.

Sus primeros trabajos estaban formados por curvas, trazos y figuras semejantes a flores y frutos. Según su testimonio, un espíritu llamado Henry Lenny (al que también llamaba Angelo) dirigía inicialmente el proceso. Más adelante aseguró trabajar bajo la guía de familiares fallecidos, artistas del pasado y numerosos seres angélicos. Poco después abandonó la planchette y comenzó a dibujar directamente con la mano, incorporando lápices de colores, acuarela, gouache y tinta.

Houghton iniciaba cada obra sin un boceto previo y, según explicaba, sin conocer el resultado final. No pretendía controlar la imagen, sino mantenerse receptiva. Se veía a sí misma como un instrumento: la persona que proporcionaba la mano, los materiales y la disposición necesaria para que otra inteligencia pudiera manifestarse.

Esta forma de trabajar recuerda lo que posteriormente se conocería como dibujo automático, una práctica que sería explorada por artistas y escritores surrealistas durante el siglo XX. La diferencia es que Houghton no trataba de liberar el inconsciente, al menos no de manera consciente. Para ella, la procedencia de las imágenes no estaba en su mundo interior, sino en el mundo espiritual.

Retrato de Nuestro Señor Jesucristo por Georgiana Houghton. Dominio público.
Retrato de Nuestro Señor Jesucristo por Georgiana Houghton. Dominio público.

No podemos demostrar que los espíritus dirigieran realmente su mano pero tampoco es necesario aceptar literalmente su explicación para reconocer la enorme originalidad de lo que hizo. Su creencia actuó como un método creativo pues le permitió desprenderse de las normas artísticas de su tiempo y adentrarse en una pintura que nadie le había enseñado.

Pintar un retrato sin representar un rostro

Uno de los aspectos más sorprendentes de la obra de Houghton es que muchas de sus pinturas eran, para ella, retratos.

Sin embargo, no representaban el aspecto físico de una persona. Trataban de mostrar su naturaleza espiritual.

Una flor podía expresar la esencia y el carácter de un ser humano. Una combinación de líneas, movimientos y colores podía revelar sus cualidades, su evolución o la relación que mantenía con otros espíritus. Por eso encontramos títulos como La flor de Zilla, El fruto de Cecil, El ojo de Dios, El retrato del Señor Jesucristo o La gloria sea dada a Dios.

"El ojo de Dios", obra de Georgiana Houghton
«El ojo de Dios», obra de Georgiana Houghton. Dominio Público.

Esta manera de entender el retrato resulta especialmente cercana a quienes trabajamos con el Tarot o la Astrología. Una carta del Tarot no necesita reproducir literalmente una situación para hablar de ella. Una carta natal tampoco es el dibujo de una persona, sino una estructura simbólica mediante la cual interpretamos tendencias, conflictos, potencialidades y procesos vitales.

Del mismo modo, las obras de Houghton crean una imagen simbólica de algo que no puede observarse directamente.

El color como lenguaje espiritual

Detrás de la aparente libertad que caracteriza a las pinturas de Houghton, existe un complejo sistema de correspondencias. Los colores poseían significados concretos. El amarillo podía relacionarse con Dios Padre, la sabiduría o la fe; el azul cobalto, con la verdad; el carmín, con el amor; determinados tonos violetas, con la religión; y el naranja, con la generosidad o la ausencia de egoísmo. Las líneas, las superposiciones y las direcciones del movimiento también participaban en la construcción del mensaje.

En algunas obras, los colores quedan parcialmente ocultos bajo una maraña de finísimos trazos blancos. En otras, las curvas se cruzan formando redes densas que parecen transparentes. Los elementos se superponen sin desaparecer por completo, como si diferentes planos de realidad ocuparan simultáneamente el mismo espacio.

Hay algo orgánico en estas composiciones. Las formas parecen crecer como raíces, nervios, pétalos o células. Pero también poseen una dimensión cósmica: pueden recordar órbitas, nebulosas o corrientes de energía.

Observadas de cerca, producen la sensación de que no existe un único centro. La mirada se desplaza continuamente, siguiendo una línea que se oculta bajo otra y vuelve a aparecer unos centímetros más allá. Por eso no sorprende que tanto Houghton en 1871 como la exposición organizada en Londres en 2016 ofrecieran lupas para contemplar los detalles.

"Flor de Catherine" pintura de Georgiana Houghton
«Flor de Catherine» pintura de Georgiana Houghton. Dominio Público.

¿Fue Georgiana Houghton la primera artista abstracta?

Houghton comenzó a realizar sus dibujos espirituales en 1861. Kandinsky publicó De lo espiritual en el arte en 1911 y desarrolló sus primeras composiciones plenamente abstractas durante aquellos años. Entre ambos existe una distancia aproximada de medio siglo.

Desde nuestra mirada actual, las pinturas de Georgiana son indudablemente abstractas: no dependen de una representación reconocible y utilizan el color, la línea y el ritmo como elementos autónomos. El Museo de Arte de la Universidad de Monash considera que su abandono de la figuración anticipó en varias décadas el trabajo de figuras como Kandinsky o Malévich.

Pero existe un matiz importante. Houghton no trataba de crear “arte abstracto”, porque ese concepto todavía no formaba parte del pensamiento artístico de su época. Tampoco creía estar pintando imágenes sin referente. Al contrario, como ya hemos dicho, consideraba que sus obras representaban realidades concretas, aunque pertenecieran al plano espiritual.

Por eso quizá sea más preciso definirla como una pionera de la abstracción y como una de las creadoras más radicales del arte mediúmnico. Sus pinturas se adelantaron al lenguaje visual del siglo XX, pero nacieron dentro de un marco religioso y espiritista propiamente victoriano.

En cualquier caso, su existencia obliga a revisar el relato tradicional de la historia del arte. La abstracción no surgió únicamente de las investigaciones formales de unos cuantos pintores varones. También nació de la teosofía, el espiritismo, la experimentación psíquica y la búsqueda de nuevas formas de representar lo invisible.

La exposición que desconcertó a Londres

Convencida de la importancia de su misión, Georgiana organizó en 1871 una gran exposición individual en la New British Gallery de Old Bond Street, en Londres. Reunió 155 dibujos espirituales, una cantidad extraordinaria para una muestra financiada y promovida prácticamente por una sola mujer.

El público victoriano no sabía cómo reaccionar ante aquellas imágenes. Algunos visitantes quedaron fascinados por la riqueza del color y la dificultad técnica. Otros las consideraron extravagantes, incomprensibles o incluso ofensivas.

Las críticas reflejan ese desconcierto. No resultaba fácil juzgar unas obras que no se parecían al arte antiguo ni al moderno conocido en aquel momento. La propia ausencia de figuras reconocibles impedía aplicar los criterios habituales de composición, perspectiva o fidelidad a la naturaleza.

La exposición atrajo visitantes, pero apenas produjo ventas. Los precios eran elevados y la empresa terminó convirtiéndose en un desastre financiero que estuvo a punto de llevarla a la ruina. Aun así, Houghton afirmó posteriormente que nunca se arrepintió de haberla organizado. Había perdido dinero, pero había mostrado públicamente aquello que consideraba el trabajo de su vida.

De la acuarela a la fotografía de espíritus

Durante la década de 1870, Houghton se interesó también por la llamada fotografía espiritista. Colaboró con Frederick Hudson, un fotógrafo que afirmaba captar figuras de personas fallecidas junto a los retratados.

En algunas imágenes, la propia Georgiana aparece acompañada por formas blancas y rostros difusos que ella identificaba con familiares muertos, especialmente con su hermana Zilla. En 1882 publicó Chronicles of the Photographs of Spiritual Beings and Phenomena Invisible to the Material Eye, un libro en el que defendía estas imágenes como pruebas de la existencia de los espíritus.

La fotografía espiritista estuvo rodeada de polémica y muchas de sus imágenes pueden explicarse mediante dobles exposiciones, montajes y otras manipulaciones. La credulidad de Houghton ante Hudson debe contemplarse con una mirada crítica.

Sin embargo, reconocer las dudas y fraudes que rodearon la fotografía espiritual no invalida el valor artístico de sus acuarelas. Son cuestiones diferentes. Una cosa es analizar si una fotografía constituye una prueba de lo sobrenatural y otra muy distinta estudiar la fuerza visual, la innovación y la calidad técnica de una pintura.

Las obras de Houghton son importantes porque muestran hasta dónde pudo llevar una artista su imaginación cuando creyó que estaba trabajando en contacto con los espíritus.

Una mujer detrás de las voces de hombres muertos

Durante mucho tiempo se afirmó que Georgiana había sido olvidada únicamente por su relación con el espiritismo. Pero esa explicación resulta insuficiente.

Otros personajes célebres del siglo XIX y principios del XX se interesaron por los fenómenos psíquicos sin desaparecer de la historia cultural. El problema era también que Houghton era una mujer soltera, sin una posición sólida dentro de las instituciones artísticas y vinculada a unas prácticas consideradas emocionales, irracionales o femeninas.

Existe además una paradoja muy reveladora. Para legitimar su creación, Georgiana atribuía parte de sus obras a artistas varones fallecidos, personajes históricos, príncipes y arcángeles. En una sociedad que concedía poca autoridad intelectual a las mujeres, presentarse como médium podía ofrecerle un espacio desde el cual crear. No era ella quien pretendía desafiar las normas del arte; eran los espíritus quienes hablaban a través de su mano. Pero la supuesta renuncia a la autoría también contribuyó a ocultar su talento.

Aunque Houghton afirmase actuar como intermediaria, fue ella quien dedicó años a perfeccionar la técnica, combinar los materiales, desarrollar el sistema cromático y llenar cada papel con una minuciosidad extraordinaria. Los espíritus formaban parte de su explicación; la artista, sin embargo, era ella.

Un legado salvado por el espiritismo

Georgiana Houghton murió en Londres en 1884 sin haber obtenido el reconocimiento artístico que esperaba. La mayoría de sus pinturas desaparecieron y apenas se conserva alrededor de medio centenar. Un importante grupo se encuentra en la Victorian Spiritualists’ Union de Melbourne y otras siete pertenecen al College of Psychic Studies de Londres.

Paradójicamente, aquello que durante décadas dificultó su entrada en la historia del arte fue también lo que permitió que una parte de su obra sobreviviera. Las asociaciones espiritistas conservaron unas pinturas que probablemente habrían sido ignoradas o destruidas por otras instituciones.

En 2015, el Museo de Arte de la Universidad de Monash presentó veinticinco de sus acuarelas dentro de la exposición Believe Not Every Spirit, but Try the Spirits. Un año después, el Courtauld Institute of Art de Londres organizó Georgiana Houghton: Spirit Drawings, la primera muestra de su obra celebrada en el Reino Unido desde la exposición de 1871.

La respuesta fue muy diferente a la que había recibido en la época victoriana. Críticos, historiadores y espectadores descubrieron unas imágenes que parecían pertenecer al surrealismo, a la psicodelia o al expresionismo abstracto, pero que habían sido pintadas muchas décadas antes.

De pronto, aquella médium excéntrica situada en los márgenes se revelaba como una creadora capaz de alterar la cronología del arte moderno.

Pintar lo que no puede verse (A modo de reflexión)

La historia de Georgiana Houghton plantea una pregunta que sigue siendo actual: ¿de dónde procede una imagen?

Podemos pensar que sus pinturas surgieron de los espíritus, del inconsciente, de la intuición, del duelo o de una combinación de todos estos factores. También podemos observarlas sin decidir cuál de estas explicaciones es la correcta.

Lo verdaderamente interesante es que Houghton encontró un procedimiento para apartar temporalmente la voluntad consciente y permitir que apareciera algo inesperado. Su práctica transformó la receptividad en creación y la pérdida en un lenguaje visual.

En este punto su obra vuelve a acercarse al Tarot. Cuando realizamos una lectura, las imágenes no ofrecen una respuesta cerrada. Activan asociaciones, recuerdos, intuiciones y significados que se entrelazan. El lector no inventa completamente el mensaje, pero tampoco lo recibe de manera pasiva: participa en su construcción.

Las pinturas de Georgiana funcionan de una manera parecida. No nos dicen claramente qué debemos ver. Nos invitan a entrar en ellas, seguir sus líneas y escuchar las correspondencias que despiertan.

Quizá nunca sepamos quién movía realmente la mano de Georgiana Houghton. Pero sí sabemos que, gracias a ella, lo invisible encontró una forma, un color y un movimiento, y que una mujer nacida en Las Palmas de Gran Canaria pintó, en pleno siglo XIX, imágenes para las que su tiempo todavía no estaba preparado.


Si te ha gustado el artículo, te animo a que dejes un «me gusta», lo compartas y escribas un comentario en la caja de texto que encontrarás más abajoTambién puedes suscribirte y recibir las publicaciones en tu correo electrónico.


Descubre más desde ARCANO 10

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Tendencias

Descubre más desde ARCANO 10 TAROT

Suscríbete ahora para recibir todas las novedades.

Sigue leyendo el artículo